Muestra la realidad de los niños que trabajan en el campo.
“Los herederos”, de Eugenio Polgovsky; retrata la vida de los infantes que laboran para sobrevivir
La imagen pega en el estómago. Es una niña tejedora que no mira. No hace caso. Está ausente. Ni siquiera la cámara que tiene frente a ella la saca de sí. El director Eugenio Polgovsky creyó que alguien que se comportaba de esa manera era guiada por el dolor.
La niña es una de las protagonistas del documental Los herederos, ¿Otra imagen? Puede ser la siguiente. Se trata de otra niña, de cuatro o cinco años, pero que sirve de jornalera en un campo de ejotes de Sinaloa. Lleva meses trabajando al lado de su madre. Resopla, tiene ya un rostro duro, lejos de los risueños tradicionales en filmes.
A través de la edición, Eugenio Polgovsky compara las caras de la abuela y la madre, con la de la infante.
Los herederos fue un trabajo que le llevó tres años al realizador, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica, quien recorrió ocho entidades del país, entre ellas Oaxaca, Guerrero, Nayarit, Veracruz, Sinaloa y Puebla para encontrar a sus personajes.
Este documental fue tomado por la UNICEF para exhibirlo en más de 150 países como parte de su festival itinerante en pro de derechos de los niños. Esto lo eleva como la producción mexicana con más plazas tocadas en el mundo.
El acercamiento con los niños y las familias fue fundamental para la realización del largometraje.
“Fue un contacto humano, era conocer la vida del otro, no sólo a través de la conversación, sino de la comida, de si podía dormir en la casa de la familia, lo cual a veces se lograba. Pero también había que ser coherente, si no querían o los padres se espantan porque no quieren ver a alguien siguiendo a sus hijos, pues no pasaba nada. Los niños leñadores me advirtieron que los siguiera, pero que no me acercara a su casa”, recordó.
Y añade el ganador, en el último año, de 16 premios, entre ellos el de La Habana: “En general el campesino es generoso, abierto a conocer todo. Los niños mostraban su interés por las cámaras, ver la pantalla o cosas así, por eso la niña tejedora me llamó la atención. Traté que la cámara se mimetizara, se convirtiera en niño, que corriera y brincara como si fuera uno de ellos”.
¿La expectativa? El director sabe que en México difundir un documental es sumamente complicado. Pero espera que el público los apoye.
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